Abril de 2018

 

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Lectura Bíblica: Hechos 2

Descenso del Espíritu Santo

1 Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos juntos en el mismo lugar. 2 Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento impetuoso, y llenó la casa donde estaban. 3 Y les aparecieron lenguas como de fuego, que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos. 4 Todos fueron llenos del Espíritu Santo, y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía que hablasen. 5 Residían entonces en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todas las naciones bajo el cielo. 6 Al producirse ese estruendo, se juntó una multitud. Y estaban confusos, porque cada uno los oía hablar en su propia lengua. 7 Estaban atónitos y maravillados, y de­cían: “¿No son galileos todos estos que hablan? 8 “¿Cómo los oímos hablar en nuestra lengua nativa? 9 “Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, 10 “de Frigia y Panfilia, de Egipto, la región de Libia que colinda con Cirene, y extranjeros de Roma, tanto judíos como prosélitos, 11 “cretenses y árabes; les oímos hablar en nuestras lenguas las maravillas de Dios”. 12 Todos estaban atónitos y perplejos, y decían unos a otros: “¿Qué significa esto?” 13 Pero otros, burlándose, decían: “Están ebrios de mosto”.

El sermón de Pentecostés

14 Entonces Pedro se puso de pie con los once, levantó su voz y les dijo: “Judíos y habitantes de Jerusalén, prestad atención, y que esto sea claro. 15 “Estos hombres no están ebrios, como suponéis, siendo que es la hora tercera del día (9 de la mañana); 16 “sino que esto es lo que anunció el profeta Joel: (Joel 2:28-32) 17 “ ‘En los últimos días –dice Dios– derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y vuestros hijos e hijas profetizarán, vuestros jóvenes verán visiones y vuestros ancianos soñarán sueños. 18 “ ‘Hasta sobre mis siervos y siervas en esos días derramaré mi Espíritu, y profetizarán. 19 “ ‘Y haré prodigios arriba en el cielo, señales abajo en la tierra, sangre, fuego y vapor de humo. 20 “ ‘El sol se volverá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día del Señor, grande y manifiesto. 21 “ ‘Y todo el que invoque el nombre del Señor será salvo’. 22 “Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno fue varón aprobado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales, que Dios realizó por medio de él entre vosotros, como sabéis. (Juan 3:2) 23 “A este, entregado por el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros prendisteis y matasteis por mano de los inicuos, y lo crucificasteis. 24 “Y Dios lo resucitó, rotos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuera retenido por ella. 25 “Porque David dice de él: ‘Yo veía al Señor siempre ante mí. Porque está a mi diestra, no seré conmovido. 26 “ ‘Por eso mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua. Y aun mi carne descansará en esperanza; 27 “ ‘porque no me dejarás en el sepulcro, ni permitirás que tu Santo vea corrupción. 28 “ ‘Me diste a conocer los caminos de la vida. Me llenarás de gozo con tu presencia’. (Sal. 16:8-11) 29 “Hermanos, puede decirse confiadamente que el patriarca David murió y fue sepultado, y su sepulcro está con nosotros hasta hoy. 30 “Siendo David profeta, y sabiendo que Dios le había asegurado con juramento que un descendiente suyo sería el Cristo, que se sentaría sobre su trono; (Rom. 1:3) 31 “lo vio de antemano, habló de la resurrección de Cristo, y dijo que él no quedaría abandonado en el sepulcro ni su carne vería corrupción. 32 “A este Jesús Dios lo resucitó, y de esto todos nosotros somos testigos. (Luc. 24:48) 33 “Así, exaltado hasta la diestra de Dios, recibió del Padre la promesa del Espíritu Santo, y ha derramado esto que ahora vosotros veis y oís. 34 “Porque David no subió al cielo, pero él dice: ‘Dijo el Señor a mi Señor: Siéntate a mi diestra, (Sal. 110:1) 35 “ ‘hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies’. 36 “Por tanto, que toda la casa de Israel sepa con absoluta seguridad que a este Jesús, a quien vosotros crucificasteis, Dios lo ha hecho Señor y Cristo”.

Tres mil conversos

37 Al oír esto se dolieron de corazón, y preguntaron a Pedro y a los otros apóstoles: “Hermanos, ¿qué haremos?” 38 Pedro contestó: “Arrepentíos, y sed bautizados cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de vuestros pecados. Y recibiréis el don del Espíritu Santo. 39 “Porque la promesa es para vosotros, para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para cuantos el Señor nuestro Dios llame”. (Efe. 2:13, 17) 40 Y con otras muchas palabras Pedro testificaba y exhortaba, diciendo: “¡Sed salvos de esta perversa generación!” 41 Así, los que recibieron su palabra fueron bautizados. Y se les unieron en ese día como tres mil personas. 42 Y perseveraban firmes en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en la oración.

Primera comunidad cristiana

43 El temor se apoderó de todos, a causa de los muchos prodigios y señales que rea­lizaban los apóstoles. 44 Y todos los creyentes estaban unidos y tenían todas las cosas en común. 45 Vendían sus posesiones y bienes, y los repartían a todos según la necesidad de cada uno. 46 Seguían reuniéndose cada día en el templo. Y en las casas partían el pan y comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios, y disfrutando la simpatía de todo el pueblo. Y el Señor agregaba cada día a la iglesia a los que habían de ser salvos.

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